domingo, 10 de mayo de 2009

Editorial...

¿Se viene el estallido?
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El fuerte discurso electoral «Kirchner o el caos» duró poco más de una semana. El argumento de que vendría «una explosión, un estallido» o que «se retornaría al 2001», lo colocó el mismísimo monarKa. La Presidenta lo siguió diciendo que si perdían estaría en riesgo «la estabilidad democrática». Y Scioli que «el país se pararía». De pronto los Jefes de Gabinete de Nación y Provincia salieron a bajar el tono cambiando la consigna: “en defensa del modelo”. Aunque posiblemente vuelvan con esta u otra argucia tratando de polarizar y captar votos para “cerrarle el paso a la derecha” y apostando al status quo de “más vale malo conocido”, lo cierto es que no sólo bajaron los decibeles porque no lograban mover el amperímetro de las encuestas.
Desde el establishmen presionaron para parar esa locura de campaña porque inyectaba incertidumbre y más leña al fuego al parate económico general. Pero fundamentalmente porque atentaba contra los intentos de calmar las aguas que buscaron cuando alentaron a los K. para el adelantamiento electoral. Para tratar de fortalecer el crítico marco institucional de cara a la profundización de la crisis económica y social luego de junio y a la necesidad de tener cierto plafond para aplicar las medidas antipopulares que se necesiten. Y porque cunde el pánico en las alturas cada vez que se menciona el 2001. Sobre todo después de haber instalado el propio Gobierno, a través de estas declaraciones, la posibilidad de no terminar el mandato. Una perspectiva cierta por la evolución de la crisis que se va a acentuar si el gobierno pierde y que muy posiblemente tampoco se pueda evitar aunque el gobierno disfrace la derrota nacional con un apretado triunfo en Buenos Aires. En todo caso, quien prendió la mecha del estallido que más tarde que temprano vendrá, ha sido el propio gobierno con el estrepitoso fracaso de su modelo político y económico.
El armado de las listas acentuó el cambalache político. Desnudando la fenomenal crisis que tiene el kirchnerismo y también la endeblez de una oposición que, aunque capitalice voto castigo, está lejos de ser garantía para asegurar la gobernabilidad que los ricos demandan y mucho más de ser alternativa de cambio real para los trabajadores y el pueblo.
El mamarracho de las candidaturas testimoniales agravó la credibilidad K., y le metió combustible a la crisis en sus filas. Sólo Scioli y 32 intendentes aceptaron el convite o pusieron un familiar portador de apellido, o sea que dos de cada tres han rechazado esta posibilidad. Y encima exigen como condición que el sabio dedo K. no se meta en el armado de las listas municipales. Moyano hizo un acto para presionar por lugares. Ahora D‘Elía y otros piqueteros K., rechazados por los barones del conurbano, preparan también una marcha para apretar a Néstor. Y, como si esto fuera poco, la desesperación por retener algunos votos, llevó a los K. a recurrir a la fórmula menemista de la farándula. Nacha Guevara y ahora Andrea del Boca, confirmando que este gobierno es una telenovela, de bajo rating por cierto. Si este escenario se da en la provincia “que pelea”, el panorama en el resto del país es una radiografía de la debacle K. No tienen listas propias o sus adeptos, como en Córdoba o Santa Fe se encaminan a un papelón electoral. El ridículo central se da en la Capital, donde Kirchner impulsa al banquero del PC Heller que le ofreció servil sus oficios y el PJ capitalino, luego de desplazar a Alberto Fernández, resiste las órdenes K.
El mamarracho también se da en la “oposición”, donde Cobos rompió por peleas de cargos con el frente pan radical de Carrió y Cía. (de paso se preserva para una eventual sucesión si se precipitan los acontecimientos). Y en las filas del PJ disidente, ante el proceso judicial que involucra a De Narváez con la causa de los narcos y la efedrina. Es evidente que, aunque se esté alimentando proyectos de recambio tendientes a recomponer lo peor de la vieja política, empujando a una nueva alternancia entre una UCR reciclada por Carrión y un PJ remozado con los hilos de Duhalde detrás del escenario, hoy por hoy, ni el PJ ni la UCR tendrán una presencia nítida con sus símbolos y formatos en esta elección.
Más allá de los resultados de junio, estas elecciones serán una estación de paso. El fantasma de un nuevo argentinazo, se está incubando y el clima creciente de conflictos muestra que los trabajadores y sectores populares no van a aceptar pasivos que les hagan pagar la crisis. En abril se registró una fuerte suba de los conflictos laborales, con paros en más lugares y de mayor duración. Respondiendo a los despidos y suspensiones, como en Córdoba y en Rosario con la toma de Mahle, a la pelea salarial estatal como en Buenos Aires donde Scioli no logra cerrar el conflicto. Pero ha recrudecido la pelea salarial en los gremios privados, un indicador de la bronca y la disposición a la lucha que crece pese al clima recesivo y que se tradujo en la lucha bancaria, la movilización brutalmente reprimida de los gastronómicos y la marcha de la UOM. Obligando a los dirigentes burocráticos a volver sobre sus pasos y reclamar paritarias y 25% de aumento salarial.
Los luchadores tenemos la tarea de apoyar estas peleas para que se ganen, para fortalecer el nuevo activismo y los nuevos delegados y dirigentes combativos que surgen. Y también de dar la pelea electoral para castigar duro a los K. y cerrarle el paso a las falsas alternativas de la vieja política y del falso progresismo de centroizquierda, que no son solución. Apostando con su voto a meter diputados de izquierda como Vilma Ripoll al servicio de fortalecer un nuevo proyecto alternativo amplio de izquierda, para apoyar las luchas sociales actuales y también hacia el argentinazo que vendrá.

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