martes, 26 de enero de 2010

Deuda Externa

Ilegítima y fraudulenta

La enorme deuda externa que pesa sobre la Argentina es claramente ilegítima y fraudulenta y esto ya está más que demostrado.


Marcelo Parrilli

Es que esa deuda fue con-
traída, fundamentalmente, durante la dictadura militar que a sangre y fuego, y con un saldo de miles de detenidos desaparecidos, asesinados, presos políticos y exiliados se mantuvo en el gobierno hasta el 10 de diciembre de 1983. Esa brutal represión, ese genocidio, tuvo una razón de ser que no fue otra que la implementación de un plan económico, encarnado por el ministro estrella de la dictadura Alfredo Martínez de Hoz, al servicio de los grandes grupos financieros internacionales y nacionales y los sectores más concentrados del capital.
Una pata fundamental de ese plan fue, precisamente, contraer, con los bancos privados internacionales, una monumental e impagable deuda. Por eso la deuda pasó de 7.800 millones de dólares en 1976 a unos 45.000 millones a la caída de la dictadura. La deuda fue, entonces, un resultado directo del genocidio que no se podría haber originado de no haberse producido aquél.
Por eso, centralmente, es ilegítima, porque es consecuencia de un delito cometido contra la humanidad y fue contraída por un gobierno absolutamente ilegítimo: la dictadura militar.

Pero, además, la deuda es totalmente fraudulenta.

De esos miles de millones de dólares ni un solo dólar se invirtió en mejora alguna para el pueblo ni el Estado argentino. Al contrario a la represión brutal al pueblo se sumó un escandaloso y falso endeudamiento de las empresas estatales que luego justificó su privatización durante la etapa del menemismo.
Todos los estudios realizados sobre la deuda, y en ese sentido es fundamental destacar lo señalado en la resolución del Juez Federal Jorge Luis Ballestero en la causa en que se investigara el origen de la deuda externa y que fuera promovida por el luchador Alejandro Olmos, demuestran que esa deuda fue una monumental estafa y que el dinero pedido al exterior se invirtió en fuga de capitales, autopréstamos de las grandes empresas, y corrupción generalizada mediante la compra de armamento.
No solo el juez Ballestero, un juez del sistema, dijo que la deuda era un gran fraude, también el derecho internacional público del propio mundo capitalista tiene establecida la doctrina de la llamada “deuda odiosa” que establece que no son exigibles las deudas que reúnan las siguientes características: a) Que la misma no haya sido contraída por representantes legítimos del pueblo; b) Que las sumas prestadas no hayan sido utilizadas en beneficio de la población; c) Que los acreedores hayan conocido, al momento de otorgar los préstamos el hecho de que contrataban con representantes ilegítimos del pueblo y que el destino de los fondos no era el bienestar del mismo. Todos estos requisitos se dan claramente en el caso de la deuda externa argentina.

Por eso decimos que la deuda externa no debe pagarse.

Nada importa que ahora Cristina Kirchner nos diga que los gobiernos de Alfonsín, Menem y De la Rua la convalidaron al no cuestionarla y pagarla. La deuda es uno de los resultados directos más nefastos del genocidio y por eso, como producto directo de ese crimen contra la humanidad no puede quedar fuera de la necesidad de ser investigada y repudiada igual que los genocidas están siendo juzgados y condenados por las miles de desapariciones, muertes y torturas.
Por cierto que, como en el caso de la represión, la investigación de la deuda, la inmediata suspensión de su pago mientras la misma se realiza y su repudio futuro, dependen de la movilización unitaria de todo el pueblo trabajador y de sus organizaciones políticas, sindicales, estudiantes y sociales democráticas. Ese es el camino para terminar con este flagelo y destinar los miles de millones de dólares que pretenden seguir robándonos a la satisfacción de la deuda interna con nuestro pueblo.

De Alternativa Socialista N 514
www.mst.org.ar

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